Mi padre



Como cientos de españoles, mi padre -a la temprana edad de diez y seis años-  tuvo que asumir que le reclutaban para combatir en una guerra donde se enfrentaban demasiadas visiones sobre la organización social para que un adolescente las pudiese asimilar. 
El siglo XX había arrancado con un afán de renovación incontrolada que condujo a una obsesión desmesurada por los ismos. Por todos los sitios surgían distintas propuestas –más o menos descabelladas- sobre todos los aspectos concernientes con la creación humana.
Los treinta fueron los más belicosos y destructivos. En ellos tuvieron origen las guerras más feroces e irresolubles que habían asolado el viejo continente, y a mi padre le tocó la que dejaba heridas más difíciles de cicatrizar.
No es fácil ser feliz con heridas abiertas.


Mi relación con él fue transformándose con el paso de los años. De niño siempre preferí los mimos dulzones de mi madre, y fue al final de la treintena, cuando progresivamente fui descubriendo el cariño y la ternura que me infundía: se manifestó cercano y afectivo.


El momento más emotivo en nuestra relación ocurrió un día en que, estando hospitalizado su sobrino –mi primo- por los desatinos que había cometido a causa de su divorcio, decidió ir a visitarle. Ya empezaba a tener problemas neurológicos y un estado físico que hacía poco recomendable semejante hazaña. Cuando me enteré de su osadía, salí en su busca. Una vez en el hospital, me dijeron que habían trasladado a mi primo y que a un anciano que también había preguntado por él, le habían dado la dirección de su nuevo emplazamiento. Emprendí el viaje lo más veloz que pude, y nada más entrar en el hall del lugar donde nos habían dicho que se encontraba mi primo, le vi sentado en un sillón aguardando la llegada de algún familiar.
-¿No ha venido nadie, todavía?- le pregunté.
-Pero ha venido el más importante- me dijo.
Cogimos un taxi para volver a su casa, ya que era muy tarde para que anduviese aún fuera de casa, y en el viaje me sentí la persona más feliz e importante del mundo.



                                                    "Mi padre" Manuel Domingo Castellanos

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